16 Dec Construye tus hábitos
La construcción de los hábitos es vital para la renovación del carácter. Ser fiel a lo que nos mejora como personas para Dios y para nosotros, edifica nuestro interior.
Si somos respetuosos y atentos con nuestros hábitos, estamos avanzando a la vida que Dios quiere para nosotros.
Todo el mundo debe saber públicamente lo que yo hago, cómo lo hago, dónde lo hago, y nada debe cambiar mi agenda. Lo que tengo que hacer, lo voy a hacer, punto y se acabó.
Cuando miro la Biblia, hay un hombre que tenía un hábito muy impresionante y te lo quiero mostrar por un momento para orar en el día de hoy, para darte dos o tres ideas de lo que son estos hábitos que tú y yo tenemos que construir para renovar nuestro carácter, para que tu interior se renueve, para que Dios te transforme. Haces morir el pecado y lo reemplazas ahora por los hábitos correctos.
Me gustaría que fueras conmigo al libro de Daniel, capítulo 6, un hombre de Dios que en su momento vivió unos momentos difíciles. Probablemente tú conoces su historia, pero mira lo que ocurre en el libro de Daniel, capítulo 6. En el verso 10 es el momento donde Daniel toma una decisión a pesar de una decisión que tomaron específicamente para afectarlo a él.
En aquel tiempo, Daniel estaba creciendo. Daniel era un hombre muy inteligente, Daniel era un hombre muy sabio, y hermano, cada vez que tú eres el mejor siempre alguien te tendrá envidia y te va a querer picar la cabeza. Siempre, siempre, siempre. No pienses que tener éxito no va a costar que alguien quiera tumbarte la cabeza.
Daniel comienza a tener éxito, comienza a sobresalir, y ahora hacen una ley específicamente para afectarlo a él. Una ley donde los que no querían nada con Daniel le propusieron al rey: firma una ley que nadie puede orar a otro Dios que no seas tú, que nadie puede orar a otra persona que no seas tú. Y aquel hombre lo firmó. Aunque amaba a Daniel, no realizó lo que esto iba a causar o lo que iba a hacer. Y en el verso 10 dice: “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios”.
Ahora, mucha gente cuando lo predica, predica este verso hasta ahí. Pero para mí, la frase importante es la próxima. Dice: “Como lo solía hacer antes”. Él no oró para retar al rey, pero no dejó de orar. ¿Sabes por qué? Porque no podía. Porque después que es un hábito en ti, no importa lo que el rey diga que tú puedes y no puedes hacer, tú lo vas a hacer como quiera. No lo puedo dejar de hacer, eso es lo que yo soy.
Daniel no hizo esto para retar al rey. ¿Que se tomó como un reto al rey? Sí, pero un reto hubiera sido si Daniel no hubiera orado nunca y ahora porque el rey dijo que no se puede orar, voy a ir a orar. Pero eso no fue lo que pasó. Daniel oraba tres veces al día. Hermano, no hay nada malo con que usted haga el ayuno de Daniel, pero yo preferiría que tenga el hábito de orar tres veces al día. Siempre nos gusta el ayuno de Daniel, pero mejor sería que toda la iglesia tuviera el hábito de con las ventanas abiertas orar tres veces al día, tres veces al día.
Ahora, sabes lo que empieza tu mente a decirte: “Si tú oras tres veces al día estás perdiendo el tiempo. ¿De qué sirve esto? Ya te estás volviendo un fanático religioso”. Entonces empiezan todas las explicaciones que te van a dar por TikTok: “Orar sin cesar es que ores en todo momento. Toda tu vida es una vida de oración. Toda tu vida es una vida que tú estás orando y tú mientras duermes horas y mientras te levantas horas”. Así que no tienes tontera y la gente tiene todo este tipo de explicaciones solo para justificar el no hacer lo que tienes que hacer.
Lo dije aquí los otros días, escuchaba un predicador decir que él no ahorra, él no ahorra porque en el desierto Dios traía maná todos los días. Y entonces, pues si lo que me quiere decir es que no hay problema, tú no quieres ahorrar, si algún día me sientan al lado de él, no hay problema, tú no quieres ahorrar, perfecto, ese es tu problema. Quiere decir que tú eres un predicador del desierto. Yo no soy un predicador del desierto, yo soy predicador de la tierra prometida.
En la tierra prometida, Dios te da suficiente para que tengas para el sexto día, para el séptimo y para el octavo, porque en el séptimo no puedes hacer nada, así que más vale que el sexto ahorres para que tengas para el séptimo y para el octavo. Son niveles de conciencia diferentes, maneras diferentes de pensar.
Y ¿por qué te escribo esto? Porque son las explicaciones que la gente hace allá afuera. Si tú mismo te dijeras en el día de hoy que vas a orar tres veces al día, con el primero que tú tienes que batallar es con tu mente: “Esto no es lo que yo debería hacer. ¿Quién se inventó esto?” A los momentos son mis emociones. Sin darte cuenta, como no sientes quizás excitación en hacerlo, te vas a salir de aquello que Dios quiere que tú hagas y eventualmente no verás los resultados que deberías ver.
Daniel no hizo esto para retar al rey. Lo hizo porque lo hacía siempre. Y si el mundo a mi alrededor cambia, yo no voy a cambiar mis buenos hábitos. Si tengo que orar, voy a orar. Si voy a orar, voy a orar. “Pastor, pero es que siempre me interrumpen”. ¿Sabes por qué te interrumpen siempre? Porque la gente no está segura de que tú oras todo el tiempo y cada vez que te interrumpen, tú aceptas que te interrumpan para algo que tú has decidido hacer. Tan sencillo como eso.
Pero si tú sabes que vas a orar a las 6 de la mañana, nadie te debe interrumpir, ni tus hijos, ni tu esposa, ni el teléfono, ni nadie. Nadie te debe interrumpir. “Pastor, pero yo no puedo venir todos los domingos porque mi agenda cambia”. No, tu agenda no debería cambiar, tu agenda debería ser clara. “Pastor, pero es que de vez en cuando salen otras cosas”. Todo el mundo debe saber públicamente lo que yo hago, cómo lo hago, dónde lo hago, y nada debe cambiar mi agenda. Lo que yo tengo que hacer, lo voy a hacer, punto y se acabó.
Por eso es que no vas al gimnasio, por eso es que tampoco oras, por eso es que tampoco haces un montón de cosas, porque tu mundo está hecho por todo lo que cambia allá afuera. El tráfico te desanima para llegar a tu casa a correr. No importa, si hay tráfico y llegaste cansado, ponte las tenis y sal a correr. No importa que haya un especial esta semana, si dijiste que ibas a ahorrar, vas a ahorrar. Si tienes amigos que saben que estás ahorrando para un mejor carro y todos los fines de semana te invitan a comer a un restaurante, no son tus amigos.
Oswaldo Monier
Posted at 15:24h, 16 DecemberTú Eres Nuestro DIOS DE PACTOS Y PROSPERIDAD AMADO PADRE CELESTIAL
AMÉN 🙏🙏🙏🙏
Ángel Rodríguez
Posted at 19:40h, 16 DecemberAmén pastor Dios le bendiga mucho.
marttha
Posted at 20:46h, 16 DecemberAmen gracias por la palabra