El día del encuentro con Dios
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El día del encuentro con Dios

¿Te has planteado cómo sería el encuentro con Dios? Imagínatelo, ¿qué harías cuando Dios esté frente a ti?  ¿Le rendirás cuenta de tus acciones?

Muchos temen a ese día tan inigualable, sin embargo, olvidan que para llegar ahí, es necesario escuchar la voz de la gracia y al Espíritu Santo.

Yo no quiero pararme delante de Jesús y hacerme justo por la ley, por lo que he hecho, por lo que he dicho, sino por la fe de que un día me encontré con él y él se encontró conmigo. Alguien me preguntó una vez, y vaya conmigo al libro de Filipenses capítulo 3, por favor. Alguien me preguntó una vez si yo tenía algún miedo cuando tuviera que enfrentar al Señor y le dije, ¿sabes qué? Es una buena pregunta, porque todos algún día vamos a estar en la presencia del Señor. Le dije a esta persona, se pudiera pensar así, de primera intención, ¿qué miedo tendría de enfrentarme al Señor algún día? Es que cuando llegara allí, le tuviera que decir, le diría a él todo lo que hice y él me diga, “nada de eso te lo pedí”. Qué triste sería uno perseguir algo toda la vida creyendo que estoy persiguiendo a Dios para darme cuenta que todo lo que perseguí era vano, no era lo que él quería que yo hiciera. Y eso solo cambia el día que tú tienes un encuentro real con la gracia de Dios, con la gracia y el poder de Dios. El apóstol Pablo escribió esto en el libro de Filipenses, capítulo 3: “Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, para vosotros es seguro. Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo, porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.

Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Esa es la gracia que cuesta, y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura para ganar a Cristo”. No para ganar almas para Cristo, para él ganar a Cristo. Estoy diciendo que ganar almas no es importante. Lo que pasa es que el orgullo nuestro no puede ser que yo gane almas, porque al fin y al cabo, no soy yo quien los gana, no soy yo el que los gana y tampoco lo gano para mí. Pablo decía, desde el día que tuve aquel encuentro, lo único que quiero ganar es a Cristo. Como sigue diciendo, “y ser hallado en él, yo lo que quiero es ser hallado en Cristo”. Estas son palabras profundas: “No teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.

Yo no quiero pararme delante de Jesús y hacerme justo por la ley, por lo que he hecho, por lo que he dicho, sino por la fe de que un día me encontré con él y él se encontró conmigo, a fin de conocerle y el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto, sino que prosigo, por ver si logro asir eso para lo cual también he sido asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado, pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. Y si usted sigue leyendo, esos versos son poderosos. No los mandé ahí, pero sigue diciendo: “Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos, y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. Hermanos, sed imitadores de mí y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros”. Y Pablo sigue hablando y mostrando la importancia de perseguir una sola cosa: perseguir el conocimiento de Cristo en tu vida.

Hermanos, de alguna manera u otra, hoy solo es el comienzo de unas ideas que yo quiero compartir contigo para provocar que haya una búsqueda sincera de entender lo que significa ser salvo por gracia de Dios, que tú puedas darte cuenta por ti mismo de qué Dios te ha salvado, de qué Dios te libró, para que puedas darte cuenta de qué cosas también tienes que renunciar, qué cosas tienes que dejar, y para que pongas como meta una sola cosa en tu vida: conocerle a él cada día más y sorprenderte de lo que es su favor y su gracia sobre tu vida.

4 Comments
  • Marttha
    Posted at 11:14h, 09 July Reply

    Amén gracias mi Sr por tú favor y gracia para mí vida

  • Wiliam Antonio Chacon Vargas
    Posted at 18:40h, 09 July Reply

    Así es Pastor Otoniel Font hay cosas que no valoramos pero entiendo lo grande que es Dios muchas bendiciones.

  • Oswaldo Monier
    Posted at 06:13h, 10 July Reply

    Sólo Tú Eres Nuestro Único Señor y Salvador AMADO SEÑOR JESUCRISTO
    AMÉN 🙏🙏🙏

  • Sandra Cortijo
    Posted at 02:45h, 14 July Reply

    Gracias Señor por tu favor y tu gracia

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