¿Qué vienes a buscar a la casa de Dios?
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¿Qué vienes a buscar a la casa de Dios?

El tiempo cambia y con él, las personas que se acercan a la casa de Dios según sus intereses, según qué tan flexibles se hayan vuelto con el tiempo, ignorando el real valor que tiene estar en un lugar sagrado en el que el Señor está presente.

Tú debes salir de aquí sabiendo que el poder del Espíritu Santo cada día te puede transformar y que lo que tú vienes a buscar no es lo que al resto le impresiona hoy. Quiero que partamos de una premisa muy importante, que por lo general cuando hablamos de volver y de convertirnos, o de entregarle nuestra vida al Señor, por lo general hablamos de gente que está allá afuera en el mundo. Pero te pregunto, ¿cuánta gente está aquí y no está cerca? ¿Cuánta gente va a la iglesia y están distantes? ¿Cuánta gente, estando en la iglesia físicamente, sus corazones están a la distancia?

Quiero que sepas que hay una gran cantidad de personas así. Hay una gran cantidad de personas que nunca han dejado de ir a la iglesia, hay una gran cantidad de personas que ritualmente o por hábito, lo que sea, religiosamente, como usted le quiera decir, van a la iglesia católica, van a la iglesia evangélica, vienen a nuestra iglesia, llegan, se sientan, pero sus vidas siguen de la misma manera. Porque de una forma u otra, lamentablemente sin darnos cuenta, estando tan cerca a veces estamos muy lejos y nuestros pensamientos, nuestros corazones, nos separan de Dios, no nos llevan realmente a accesar aquello que Dios ha provisto para nuestras vidas.

Y en el libro de Hechos, capítulo 3, hay una historia muy interesante que dice la palabra del Señor. Este milagro que vamos a leer en esta hora es el primer milagro que está registrado luego de la experiencia del aposento alto. Así que los apóstoles vienen de descender del momento de donde el Espíritu Santo acababa de bajar sobre ellos, ellos vienen descendiendo del aposento alto y vienen llenos del poder de Dios. Y mira lo que dice en el libro de Hechos, capítulo 3, el verso 1: “Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración, y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo, que se llama la hermosa, para que pidiese limosnas de los que entraban en el templo”.

¿Tú sabes lo que es ir al templo a pedir limosna? Ponte a pensar, ir al templo a pedir limosna, ir al templo a pedir que te den la mano, que te echen la mano, pedir limosna y depender de lo que la gente te pueda dar. Cuando la gente iba al templo, iban allí, tenían que esperar que realmente algo pasara, algo ocurriera, que algo sucediera en sus vidas. Pero este hombre, desde su nacimiento, lo dejaban en la puerta, lo dejaban allí, su condición no había cambiado. Mira lo que sigue diciendo en el verso 3: “Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: ‘Míranos’. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo”.

Pedro dijo: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”. Y tomándole por la mano derecha, le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y los tobillos. Y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios, y le reconocían que él era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo de la hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que había sucedido.

Aquí tenemos un hombre que está en la puerta del templo, en la puerta de donde se supone que él pueda tener la solución a su problema. Aquí tenemos un hombre que está cerca y al mismo tiempo lejos. Por años, por años religiosamente había gente que lo llevaba allí, religiosamente habían personas que lo llevaban y lo ponían frente a la puerta, como religiosamente habrá quizás mucha gente aquí que traen a sus hijos religiosamente. Pero hay un día donde ya tú no puedes traer a tus hijos religiosamente, ellos son los que van a tener que acercarse, ellos son los que van a tener que venir aquí.

Hay un montón de gente que tu papá te traía a la iglesia, que tu papá te llevaba a la iglesia, y como tú tenías que hacerlo, que ellos te decían: ‘Bueno, por los domingos venía’. Pero ahora te toca a ti sacar en tu agenda el espacio para que tú vengas por ti mismo, para que tú digas: ‘Sabes qué, yo necesito lo que hay en ese lugar’. Pero no tan solo es venir aquí físicamente, es abrir mi corazón para saber a lo que yo tengo acceso, es para saber que yo puedo entrar a un lugar donde mi vida puede cambiar, y yo no tengo que estar lisiado por el resto de mis días. ¿De qué te sirve venir y quedarte solo a la puerta y que en tu vida no haya transformación? ¿De qué te sirve venir y que el año que viene no estés mejor que como estás en el día de hoy?

Yo vengo a decirte que si te vas a acercar, métete por completo, de manera tal que cada vez que entres, cuando salgas de este lugar, salgas cantando, salgas saltando, salgas diciendo: ‘Los límites en mi vida se rompieron y me muevo a lo que Dios tiene para mí’. Esa debe ser nuestra actitud. Pero lamentablemente, sin darnos cuenta, a través de los tiempos, por la religiosidad, por tantas cosas que pueden pasar en nuestra vida, simplemente nos quedamos limitados y nos quedamos tan solo a una pequeña experiencia. Con todo el respeto, digo esto, pero a veces la gente viene por las limosnas, viene porque quizás hay un poquito de adoración y alabanza que nos gusta. Hay gente que viene por las limosnas porque mira, en esa iglesia hay pantallas, aunque tú no lo creas, la gente mira las pantallas. 

2 Comments
  • Oswaldo Monier
    Posted at 09:23h, 27 June Reply

    Iré A Buscar Tú Amor y Misericordias A Tu Casa para Que Me Puedas Transformar En La Persona Que Tú Quieres Que Sea Por El Poderoso Nombre de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestro Precioso Espíritu Santo AMADO PADRE CELESTIAL
    AMÉN 🙏🙏😘🙏🙏

  • Wiliam Antonio Chacón Vargas
    Posted at 09:39h, 27 June Reply

    Amén y gracias por esta palabra muchas bendiciones.

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