El mayor conocimiento que debemos tener
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El mayor conocimiento que debemos tener

Antes pensaba que una persona inteligente era aquella que sabía de todo; matemática, ciencia, historia, biología, pero con el tiempo me di cuenta que una persona realmente inteligente y realmente conocedora es aquella que tiene en sí misma la gracia de Dios. 

Aquí hay mucha gente que no se atreve a hablarle a nadie de Cristo, que no se atreve a predicar a nadie. ¿Sabes por qué? Porque no tienes confianza de que el Espíritu Santo es el que va a hacer la obra. 

Entonces, tú lo que estás pendiente es de que no te vayan a arrebatar con una idea, con una palabra, con un pensamiento. Oye bien: nadie puede, nadie, nadie, nadie puede argumentar en contra de una experiencia que ha cambiado tu vida. Podemos argumentar teología, podemos argumentar ideas, pero nadie puede decirte a ti: “Es mentira lo que tú viviste”, porque tú lo viviste, tú lo has vivido y lo estás viviendo. Y detrás de esa experiencia está que Dios utiliza esa palabra para llenar a los demás y cambiarlos.

¿Tú quieres vivir con el poder del Espíritu Santo en tu vida? Aprende a dar testimonio. ¿Por qué esto es tan importante? Porque, hermanos, la misión de Dios todavía sigue siendo la misma: que la tierra sea llena de la gloria de Dios. Y somos tú y yo los que tenemos que llevar esa imagen. Somos tú y yo los que tenemos que representar a Cristo aquí en la tierra. 

En el libro de Hebreos capítulo 1, del verso 1 al verso 4, fíjate lo que dice la palabra del Señor. Si me ayudan en el piano, dice la Palabra del Señor:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos”.

Dice la Biblia ahí en el verso 3, siendo el resplandor de su gloria, está hablando de Cristo, está hablando de la obra redentora. Y el Padre lo hizo el resplandor de la gloria de Él, lo hizo lo que tú y yo tenemos que presentar a esta tierra. Y el Espíritu Santo va a trabajar en ti de manera tal que la gente va a ver la gloria de Dios en tu vida, la gente va a ver la gloria de Dios en ti. La Biblia dice en el libro de Romanos: 

“Por cuanto todos pecaron, todos están destituidos de la gloria de Dios”. Romano capítulo 3 lo dice. Ahora, imagínate, cuando tú vienes a Cristo y cuando tú vienes a Él, ahora tú eres restaurado a esa gloria. Tu vida tiene que cambiar y la gente va a ver la obra de Dios a través de ti. Tú y yo somos los representantes de Cristo aquí en esta tierra y el Espíritu Santo está para eso, para que tú y yo seamos testigos, testimonio para los demás, para que le podamos contar lo que Dios ha hecho con nosotros, de dónde nos sacó, cómo nos ha prosperado, cómo nos da paz, cómo nos da tranquilidad. 

Y cuando te dicen: “Explícame eso”, tú le tienes que decir: “Es que no hay mucho que explicar, es conocer a alguien, es tener una relación con alguien”. “Sí, pero explícame eso de la religión”. “No, no, es que eso te lo explico después, lo que tú tienes que conocer es a una persona, la misma persona que yo conocí”. La persona que entiende eso, su vida como creyente cambia para siempre. 

Me entristece que haya gente que prefiere cambiar la gloria por mero conocimiento, cambiar la gloria por teología, cambiar la gloria por entendimiento, cuando nuestra meta debe ser conocerlo a Él cada día más. Mira lo que dice el libro de Primera de Corintios, el apóstol Pablo, esta era su receta, dice así:

“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna, sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”.

No hay nada malo como iglesia que sea sabia, pero el mayor conocimiento que debemos tener es de Jesucristo y su obra en nuestras vidas. Y lo que tú tienes que dedicarte es a conocerlo a Él.

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