Tenemos el poder de transformar nuestra sociedad 
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Tenemos el poder de transformar nuestra sociedad 

En el afán de la iglesia por entender el poder y la autoridad que sí tenemos aquí en la tierra, quizás hemos aguado un poco el mensaje y pensamos que podemos pararnos en cualquier sitio y atar y desatar, y entonces viene la frustración de algunos, donde simplemente confiesan y dicen algo, pero nada ocurre.  Tenemos autoridad, pero tenemos que ver de dónde sale, por qué sale, y cuál es la base de esa autoridad porque, si no, estamos jugando juegos de niños pequeños.  Ahí es que viene la frustración de muchos con la iglesia.  

Por eso es que tenemos que mirar estos versos con detenimiento porque este es el verdadero comienzo de la ekklesia, de ese grupo de hombres y mujeres que Dios quiere levantar en este tiempo, en esta época, para transformar realmente nuestra sociedad.  

Siempre, para poder llegar a ser lo que Dios quiere que tú seas, definitivamente, tú tienes que ir por encima de toda definición que el mundo quiera darle a quién es Jesús.  Jesús no es un profeta más; Cristo no es únicamente un gran Maestro; él no está en el renglón de los filósofos de toda la historia.  Nunca creas lo que algunos predican; hay pastores progresistas que hablan de Jesús como alguien que, al igual que Mahoma y Buda, enseñó; poniendo a Jesús en el mismo nivel que ellos.  Jesús fue un gran Maestro -y todavía es Maestro de maestros – ; fue un profeta, caminó como tal; pero más que cualquiera de esos títulos, él es el Hijo de Dios, el Cordero de Dios, el sacrificio perfecto; y tú no puedes permitir que nadie defina para ti quién es él.  Tú tienes que recibir por revelación quién es él para ti, porque es la única manera que tu vida será transformada.  

Uno de los peores problemas hoy es el constante contenido de famosos y escritores que tratan de describir a Jesús, y tienen títulos muy subjetivos, muy bonitos y curiosos; hablan bien de Jesús, suenan bonitos, y la iglesia acepta todos esos libros porque hablan bien de nuestro Maestro; pero no importa cuán bonito hable, nadie puede definir en tu vida quién es Jesús; solo puede ser por revelación del Espíritu en tu vida donde un día tú entiendes que él es el Hijo de Dios que murió por ti en la cruz del Calvario.  Esto no hay manera que alguien te lo enseñe o te lo explique; tiene que haber un momento en que tengas esa experiencia.  

Al reconocer a Jesús como Hijo de Dios, entonces, llegó a la vida de Pedro la autoridad.  La verdadera autoridad viene por revelación, no por entendimiento.  La verdadera autoridad viene porque Dios se te revela.  Por supuesto, esa autoridad no te hace perfecto, sino que está depositada en un vaso de barro, en una vasija de barro que es vulnerable ante las presiones, ante las dificultades, hasta que tengas una experiencia.  Así que, la autoridad por sí sola no te asegura firmeza.  Ahora Pedro tenía autoridad, pero no tenía poder porque todavía no tenía al Espíritu Santo.  Y una persona con autoridad bajo presión, es vulnerable a todo lo que llega a su vida; lo cual te da esperanza porque, aún en tu humanidad, Dios puede depositar grandes cosas.  

Cuando Pedro recibe esta revelación por causa de la confesión de que Jesús era el Cristo, de que era el Mesías, esto le abrió la puerta a tener una experiencia sobrenatural.  ¿Cuál fue aquella experiencia?  Luego de este evento, el Señor Jesús se lleva a tres de sus discípulos, incluyendo a Pedro; se van al famoso monte de la transfiguración, y delante de ellos, Jesús se transfigura, se muestra en su propia esencia.  Qué poderoso que Moisés no pudo ver cara a cara a Dios, pero Pedro pudo ver a Cristo en toda su gloria en aquel lugar.  La confesión de la revelación de quién era Jesús, que era el Cristo, fue lo que le abrió la oportunidad a Pedro y a algunos de sus discípulos a experimentar algo que nadie había visto y vivido en ese momento, y que pocos lo logran ver aún todavía en el día de hoy.  Y la experiencia más grande de transformación de una persona es cuando se mira cara a cara con nuestro Señor Jesucristo.  Pero todo comienza con un punto de revelación en tu vida.  

Lo grande es que, cuando Pedro recibió aquella revelación, al igual que los discípulos que estaban allí, el deseo de ellos fue quedarse allí.  Dijeron: hagamos una carpa y pongamos una enramada y quedémonos aquí; pero tan pronto dijeron eso, se acabó.  El problema es que pensamos que nuestra misión es simplemente llegar y reunirnos y quedarnos con la revelación que recibimos, sin darnos cuenta que eso aquí no sirve para nada; es cuando vas y lo riegas afuera en todo lugar donde estés, y la experiencia que tienes aquí vas y la metes en tu casa, en tu familia, en tu hogar; allí es que se fertiliza, allí es que tú eres influencia.  

La obsesión de muchos es la reunión del grupo, de las masas; pero lo importante es que tenemos que salir, que todos tenemos que hablar en las calles, tenemos que ser influencia en el mundo entero.  Sé influencia en tu casa, con tu esposa, con tu esposo, con tus hijos, con tus vecinos; que tus vecinos puedan tocar la puerta de tu casa porque saben que allí hay un lugar donde alguien puede orar por ellos.  Que dondequiera que tú vayas puedas ministrar y enseñar la palabra y compartir con la gente; que dondequiera que tú estés haya un respeto, un honor, no a ti, pero a lo que tú representas.  Entonces sí, cada vez que tú vayas a cualquier lugar, esto servirá como fertilizante.  Siembra la semilla dondequiera que tú vayas para que luego puedas ver las ciudades totalmente transformadas.  

La revelación que Dios te da no es para que te amontones con otra gente en tu iglesia y allí se queden pasándola bien, sino para salir y ser de influencia al mundo entero.  Aún en medio de tu vulnerabilidad y de tu humanidad, tú puedes realmente transformar tu ciudad y tu nación, si entiendes, no lo que tienes que hacer, sino quién tú eres. 

2 Comments
  • Jhon Mario Rojas
    Posted at 11:38h, 10 June

    Amén, Gloria a Dios

  • marttha
    Posted at 11:06h, 21 June

    Amén Amén
    Seamos obediente a la palabra
    Bendiciones