Tus Resultados y la Gracia de Dios
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Tus Resultados y la Gracia de Dios

¿Qué tiene que pasar, que se requiere para que tú medites en tu vida acerca de tus decisiones, acerca de quien eres y lo que estás haciendo?  ¿Cuánto tiene que pasar en tu vida para obligarte a reflexionar?  ¿Qué es lo que tiene que ocurrir para que un día tú despiertes y realmente tomes algún tiempo para una autorreflexión y autocorrección de tus caminos?  

Es muy triste que hay gente que, cuando comienzan a reflexionar y querer cambiar, pudiera ser muy tarde.  Hay quien llega hasta al divorcio, hasta la pérdida del negocio, hasta un momento trágico, para entonces sentarse y reflexionar.  Cuando uno recibe la llamada de que alguien fallece, le obliga a sentarse y meditar por un momento.  No hay tal cosa como que uno se acostumbre a eso.  Siempre te sorprendes, te impacta.  La vida te obliga en ciertas ocasiones a tener que salir de piloto automático.  Una muerte te obliga a cambiar tu agenda; tenías una reunión importante, pero ahora tienes que ir al funeral.  Ahora, lo que era importante, no es tan importante.  La misma vida nos obliga a sentarnos y reflexionar para no vivir en piloto automático por el resto de la vida.  

Puede que pienses que estás en rumbo, pero sin darte cuenta, pudiera haber cosas que, poco a poco, te vayan desviando y necesitas ese tiempo de conexión.  Y la pregunta es ¿qué va a tomar para que entiendas que las cosas tienen que cambiar?  Porque hay cosas que te deben hacer reflexionar y meditar, pero ¿has tomado el tiempo correcto para hacerlo?  

La mujer de flujo de sangre luchó contra aquella enfermedad por doce años.  Pagó todo lo que tenía y aún le iba peor.  Pero un día, decidió seguir creyendo.  Usamos el ejemplo de esta mujer como uno de resiliencia, de la importancia de que, a pesar que te vaya peor intentando que te vaya mejor, nunca cedas en tu fe de creer que algún día las cosas van a cambiar.  Un día aquella mujer tocó el borde del manto del Maestro y, dice la Biblia que quedó sana al instante.  Y vimos que, el hecho de que lo externo cambió en el instante y la mujer fue sanada del flujo de sangre en aquel momento, no era el final de la historia; ahora requería de ella voluntad y autodisciplina para comenzar a vivir basado en la vida que ahora Dios le estaba dando, y no volver a los viejos hábitos del pasado.  

Todos, para sobrevivir tiempos anormales, hacemos cosas para sobrevivir; pero cuando la vida cambia y te da una oportunidad de un nuevo punto de partida, no vas a aprovechar ese punto de partida, si no tienes la autorresponsabilidad de volver atrás y arreglar tus emociones, tus hábitos; seguirás viviendo por debajo de lo que Dios te ha hecho, si no reevalúas tu vida.  Aquella mujer, por doce años, tenía que cubrirse, esconderse; toda silla en que se sentara, quedaba inmunda, había que desecharla.  Doce años sin decir la verdad, sin tener relaciones; había tenido que adoptar unos mecanismos para sobrevivir y, de un día para otro, quedó sana.  Es probable que saliera de allí y no se atreviera hablar con nadie; a lo mejor, al otro día dudó porque nadie puede pensar que doce años de sobrevivir a un problema no haga un estrago en la mente y en las emociones de las personas; te toca a ti, con el poder de Dios, librarte de ellas.  

Es sumamente importante, como creyentes, que tengamos ese punto de reflexión y entendamos que, aún pasando por el proceso para llegar y alcanzar ciertas cosas, el proceso por el que pasamos no necesariamente asegura que una persona sea transformada internamente para vivir la vida que debería vivir.  Cuando miramos al pueblo de Israel, Dios les libertó de un día para otro, los sacó de Egipto y los hizo millonarios de un día para otro, los sacó sanos de aquel lugar.  Ahora pasan por un proceso de cuarenta días donde Dios quiere darles unas experiencias que ellos no aprovecharon y, por lo tanto, no entraron a la tierra prometida.  Dios no los sacó y los puso en la tierra prometida; los llevó por un periodo de cuarenta días y, como no aprendieron en cuarenta días, tuvieron que pasar cuarenta años; y lo interesante es que en esos cuarenta años, ninguno de los que salió, solo Josué y Caleb, fueron los que cruzaron.  Así que los cuarenta años no fue para procesarlos, sino para que murieran.  Y a veces, hay generaciones completas que tienen que morir.  Pero ¿sabes por qué mueren?  Porque no están dispuestos a cambiar.  Y no están dispuestos a cambiar porque no están dispuestos a aprender.  

Es bien interesante la oración del Padre nuestro: el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.  Ese es un periodo en la vida de una persona, pero Dios no quiere que tú vivas del pan de cada día.  Hay momentos en tu vida donde Dios te da el pan cada día; pero hay momentos donde Dios te da el pan para muchos días.  Pero aquel que se acostumbra a vivir del pan de cada día, cuando llega el momento donde no hay pan para cada día, sino que tiene que trabajar para el pan de muchos días, no están dispuestos a hacerlo.  En el desierto, Dios les daba el maná para cada día, pero cuando entraran a la tierra prometida, tendrían que sembrar, cosechar y, cuando cosechaban no cosechaban el pan del día, sino pan para muchos días.  Pero ¿quién tenía que administrar aquel pan que era para muchos días?  La gente que por mucho tiempo vivió del pan de cada día.  Y no hay nada malo que, por un tiempo, tú vivas del pan de cada día, pero tienes que saber que un día el pan de cada día se acaba y ahora te toca a ti trabajar para el pan de muchos días, con la bendición de Dios.  Y requiere un cambio de consciencia el tener que levantarte por la mañana a ver qué va a pasar, versus aquel que se tiene que levantar por la mañana diciendo: si no hago nada, no pasa nada.  Esa es la dinámica que muchos no entienden y no cambian el proceso, no transforman su mente y sus pensamientos.  Y no nos damos cuenta de la importancia de la autorreflexión, la meditación, para la reestructuración de nuestra manera de pensar y poder reorganizar nuestra vida de manera que tengamos los resultados correctos.  

Lo interesante es que Dios, en muchas cosas de nuestra vida, nos hace obviar nuestros procesos y nos bendice de forma magistral.  Como tú haces con tus hijos; les has dado lo mejor, esperando que algún día ellos lo aprecien.  Tratas de enseñarles el valor del trabajo, la lucha, pero tus hijos están mejor que tú porque les has dado por gracia lo que Dios te ha dado a ti, se los has puesto en las manos y lo que quieres es que un día lo aprecien y entiendan que, aunque están cometiendo errores y no están viviendo al nivel que deberían, lo que los cubre es la gracia de papi y mami, que sí están haciendo lo que tienen que hacer; pero, a veces, nuestros hijos no lo entienden y menosprecian lo que Dios nos está dando por gracia.  Hay hijos y familiares tuyos que no entienden que no es por ellos que son bendecidos, sino porque tú oras, ofrendas, ayunas, vives una vida bien y estás haciendo lo correcto; en cierta forma, la gracia y el favor de Dios sobre tu vida les ayuda a ellos a superar todos los errores que ellos comenten, y entonces a veces viven en una ilusión.  Pero un día tendrán que despertar.  

Tú mismo tienes que despertar un día y saber que todo lo que tienes no te lo mereces.  Hay quien dice que eso de la siembra y la cosecha no funciona porque una vez sembraron y dicen no haber cosechado.  Pero gloria a Dios que no cosecharon.  Porque el problema es que quieren cosechar únicamente de la buena semilla que sembraron una vez, pero no quieren darse cuenta que una de las bendiciones más grandes es que no toda semilla que han sembrado funciona porque hay un montón de cosas malas que tú has hecho, que no han dado cosecha; y si la ley de la siembra y la cosecha fuera tan perfecta que todo lo que tú siembras cosechas, es muy probable que estuvieras ahogado con la cosecha de todo lo malo que has hecho, que no sobrepasa cien dólares que diste hoy, pensando que tendrás mil la semana que viene.  Tú puedes pensar que es tu trabajo, que es tu esfuerzo y ver lo bien que estás haciendo, y el día que empiezas así, ese día comienza tu derrota; pero Dios, en su infinita misericordia y como buen Padre, ama a sus hijos y, aún en sus errores, nos bendice.  

17 Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. 18 Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; 19 y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; 20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.”  Génesis 14:17  

La reacción de Abram es dar los diezmos a alguien que lo bendice.  Todo lo que hizo Melquisedec fue darle pan, vino y una palabra: bendito eres Abram del Dios Altísimo.  Abram no diezmó para ser bendecido, sino porque lo bendijeron.  No es lo mismo.  Tú no diezmas para que te bendigan.  Tu diezmo debe ser una reacción a la bendición que tú recibes porque la bendición que tú recibes te hace realizar de dónde es que sale lo que tú tienes y, en retribución, entonces reconoces quién fue que te lo dio.  Pero esto no es poderoso hasta que tú entiendes el contexto completo porque tienes que verlo en todo el proceso de la vida de Abraham.  

Abraham sale creyendo por fe que Dios le dijo que lo iba a prosperar.  Dios le dice: te voy a hacer padre de mucha gente, sal de aquí, arriésgalo todo y comienza a caminar.  Y Abraham salió por fe y comenzó a caminar; y un hombre imperfecto, Dios comienza a prosperarlo porque, aunque era imperfecto, la gracia y el favor de Dios están sobre los imperfectos, sobre aquellos que creen.  Hay quien se molesta porque hay gente que tú los miras y dices: cómo Dios puede bendecir a esa persona que está en pecado?  Pero es que son gente que tienen una fe inquebrantable, que se atreven acercarse a Dios, que tienen algo en el corazón que la gracia de Dios los acompaña.  No quiere decir que tienen que vivir así toda su vida; deben corregirse, pero la consciencia que tienen les hace vivir esa vida diferente.  Pero algún día tienen que despertar.  

Abraham comienza a ser bendecido, y de repente llega un tiempo de hambre, y él dice: la solución es ir a Egipto.  Un hombre que empezó a vivir por fe, ahora dice: la solución está en Egipto.  Y baja a Egipto.  Y tuvo temor por la belleza de su esposa, por lo que acordaron decir que ella era su hermana.  Él no sabía lo que implicaría aquello.  El rey la quiso y se la llevó.  Y Abraham, que se supone que cuidara de su esposa, la entrega; y Dios tiene que meterse en el cuarto de aquel hombre y decirle: no toques a esa mujer.  Y se la tiene que devolver.  Mujer que lees estas líneas, si no hay un hombre que te proteja, nunca pienses que tú estás descuidada porque Dios siempre va a tener cuidado de ti.  El punto es que Abraham sale de allí con su esposa Sarah, y sale más rico.  Abimelec le dio riquezas.  Él regaló a su esposa, y se la devolvieron con creces.  Cometió un error, y salió con mayores riquezas.  A cualquiera se le crea la idea en la cabeza de que puede seguir haciendo lo que ha estado haciendo porque todavía no ha traído los resultados que debería de esos errores porque los demás resultados han cubierto esos errores cometidos.  Y ese es el favor y la gracia de Dios.  

Abraham eventualmente se acostó con la sirvienta, y pensó que todo estaba bien.  Abraham nunca se dio cuenta de que siempre el enemigo te presenta la belleza de lo presente, pero nunca lo feo del futuro.  Y como tienes entonces la gracia y la misericordia de Dios cubriéndote hoy, piensas que lo estás haciendo bien porque no haces relación de lo que es favor y gracia de Dios versus tus malas decisiones en este tiempo y no te das cuenta que tienes que meditar y cambiar.  

Cuando Abraham salió de la pelea contra los cinco reyes, el rey de Sodoma le salió al encuentro y le dijo: dame toda la gente y quédate con el dinero.  Y Abraham le dijo: no, me voy a quedar con toda la gente y voy a devolver el dinero.  Pero antes de devolver el dinero, diezmó a Melquisedec.  Porque Abraham se dio cuenta que tenía que escoger entre dos cosas: o alguien le acordaba que Dios es quien le ha prosperado, o realizaba él que era Dios quien le había bendecido.  

Cuando tú vas a la casa de Dios, ese acto de ir, de conectarte, le dice a tu mente y a tu corazón: yo sé de dónde viene mi provisión; necesito que alguien me hable y me diga que, realmente, necesito de Dios.  Cuando tú presentas los diezmos, sabiendo que has hecho muchas cosas mal, que no mereces lo que tienes sino que es la gracia de Dios, le estás diciendo a Dios: reconozco que el Dios al que yo le sirvo es el que me ha traído hasta este lugar y que lo que tengo, lo tengo por la gracia del Dios Todopoderoso.  Esa es la manera de mantenerte a ti mismo en línea, para que no tengas que vivir por la experiencia de la cosecha de aquello que has sembrado y que realmente no quieres su fruto.  

Pero el problema es que hay gente que nunca llega a esa realización.  Como tienen buenas habilidades, buen carisma, buenas posibilidades, llega un momento en tu vida donde comienzas a depender de esas cosas y te olvidas realmente de quién es quien te ha llevado hasta el lugar en que estás.

6 Comments
  • Mary luz
    Posted at 13:11h, 18 January

    Amen amen pastor bendiciones gracias por cada palabra siempre me alienta y me enseña 🙏 🙌

  • Nelson García
    Posted at 16:18h, 18 January

    Aleluya Jehova mi Dios vive y reina por siempre gracias por todo lo que recibimos todos lo que somos y tenemos es por ti mi Señor

  • Liseth Trujillo
    Posted at 22:04h, 18 January

    Amén y amén yo estoy donde estoy por la Gracia y el Favor de Dios el todopoderoso sobre mi vida y la de mis Hijos amén y amén🙏🏽🙏🏽🙏🏽

  • Nairobis Jáuregui
    Posted at 01:13h, 19 January

    Excelente enseñanza, para reflexionar.. Gracias pastor.. Dios le bendiga

  • Jhon
    Posted at 16:48h, 19 January

    Amén, aleluya aleluya

  • Marttha
    Posted at 08:08h, 30 January

    Amén Gracias mi Sr por tu gracia misericordia asia mi
    Bendiciones Pastor