¿Qué Recuerdas, qué Olvidas, con quién te Comparas?
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¿Qué Recuerdas, qué Olvidas, con quién te Comparas?

La vida nos desilusiona.  Hay jóvenes, por ejemplo, que tenían grandes planes para su cuarto año, para graduarse, planes de viajes.  Algunos tenían planes familiares.  Pero de repente llega esta situación, la cuarentena, y nos encontramos con que aquello que habíamos planificado no se va a dar o se tiene que posponer.  Hay cosas que no van a volver, oportunidades que desaparecen, planes e ideas que no se van a dar.  De la misma manera, hay personas que nos desilusionan; quizás tú has desilusionado a alguien más.  La verdad es que la vida es así.  El problema es que cuando la gente se desilusiona y no sabe cómo cambiar ese pensamiento de desilusión van acumulando esa frustración en su interior que no les permite ser feliz y ver el poder de Dios sobre sus vidas.  

En el mes séptimo, a los veintiún días del mes, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: 2 Habla ahora a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y al resto del pueblo, diciendo: 3 ¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos? 4 Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad; porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos. 5 Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis. 6 Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; 7 y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. 8 Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. 9 La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.”  Hageo 2:1-9  

Este capítulo se utiliza para hablar de lo que es la desilusión que un grupo de personas había vivido en ciertos momentos en el pueblo de Israel.  El profeta comienza a mostrar las razones, el porqué de la desilusión de aquella gente, y comienza a dar la solución.  Hay tres cosas que hacen que una persona comience a sentirse desilusionada:

  1. Lo que recuerdas.  
  2. Lo que te olvidas.  
  3. Con quién te comparas.  

La desilusión llega a tu vida no meramente por lo que te está sucediendo; lo que te está pasando provoca en ti una emoción, pero ante eso, tú tienes que escoger qué vas a recordar, qué vas a olvidar y con quién te vas a comparar.  Alguien que tuviera planes para casarse, por ejemplo, y que ahora no lo pueda hacer como lo había planeado, comienza a recordar lo que debió hacer; olvida cómo Dios le ha prosperado en su camino, y se compara con otro que sí pudo casarse como planeó.  Y comienzas a ver tu vida en esos tres contrastes.  La desilusión se apodera de ti cuando no aprendes a recordar las cosas correctas.  No todo lo que hay en tu pasado debe ser recordado, no todo se debe olvidar; debes tener una memoria selectiva.  Escoge qué recuerdas y por qué.  Aprende a olvidar y qué tienes que olvidar.  Y sobre todas las cosas, deja de compararte con los demás.  Considera el contexto en que tú vives, el lugar en que vives, la época que estás viviendo, para que puedas realmente posicionarte para vencer la frustración.  

El pueblo de Israel cometía estos errores constantemente.  Se acordaban de lo incorrecto, se olvidaban de lo correcto y se comparaban con otros.  El profeta les cuestiona si ya se olvidaron de lo que Dios había hecho por ellos.  Cuando el pueblo salió de Egipto se acordaban del pescado de balde; no se acordaban de los azotes, no se acordaban que no tenían ni tiempo para ir a su casa y comer en paz.  O sea, escogían acordarse del pescado y olvidarse de los azotes, el dolor y la amargura; y se comparaban con sus padres, con el pasado, y ahí comienza la frustración que les lleva a querer regresar.  En una ocasión, el pueblo de Israel pidió a Dios que les diera un rey, y la única razón por la que lo pidieron fue porque se comparaban con los demás, que tenían reyes.  Dios sabía que los demás tenían, pero Él no quería darles eso, sino otras cosas.  Pero aquella comparación les hizo desear algo que, eventualmente, se convirtió en uno de los peores problemas para el pueblo de Dios.  

Hoy, es importante que, en medio de lo que tú estás viviendo, comiences a ver aquellas cosas que tienes que olvidar, las que tienes que recordar y aquellas que tienes que vivir para entender que no puedes compararte con nadie. 

1 Comment
  • SILVIA H. GÓMEZ
    Posted at 17:36h, 18 May Reply

    Amén. Bendiciones

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