No hay término medio: la verdad radical sobre la fidelidad que NADIE te dice.
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No hay término medio: la verdad radical sobre la fidelidad que NADIE te dice.

En el Reino de Dios existe una verdad inquietante que desafía nuestra tendencia posmoderna hacia los matices grises: con Dios, o somos fieles o somos infieles.

No existe un terreno medio, no hay zona de confort entre estos dos polos. Esta es una verdad que confronta nuestra cultura de relativismo y mediocridad espiritual.

La parábola de los talentos ilustra esta verdad con claridad devastadora. El maestro no reconoció tres categorías de siervos – buenos, regulares y malos. Solo hubo dos veredictos: “bien, buen siervo y fiel” o “siervo malo y negligente”.

Esta dicotomía divina desmantela nuestra tendencia a justificar la tibieza espiritual. Las excusas, por elaboradas o razonables que parezcan, no tienen lugar en la economía del Reino. Cuando el siervo con un talento presentó sus justificaciones, el maestro no las validó. La fidelidad no se mide por nuestras intenciones o explicaciones, sino por nuestras acciones concretas y sus frutos tangibles.

Esta verdad puede parecer dura en una era de gracia barata y compromisos espirituales. Sin embargo, es precisamente esta claridad la que nos libera para perseguir la excelencia del Reino sin ambigüedad. La gracia de Dios es abundante para perdonar, pero también es poderosa para transformar. No nos llama a la mediocridad justificada, sino a la fidelidad radical.

En el mundo académico, una calificación de 70% puede ser aceptable. En muchas áreas de la vida, “suficientemente bueno” es suficiente. Pero en el Reino de Dios, la fidelidad es binaria: o estamos caminando en ella o no lo estamos. No hay calificaciones parciales en la escuela de la fidelidad divina.

Esta verdad nos desafía a examinar cada área de nuestra vida: nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestros dones, nuestras relaciones. En cada dimensión, la pregunta no es “¿Qué tan fiel soy?”, sino “¿Soy fiel?” La respuesta a esta pregunta no se encuentra en nuestras intenciones o emociones, sino en el fruto concreto de nuestras acciones.

La buena noticia es que esta verdad, aunque desafiante, viene acompañada de la gracia capacitadora de Dios. Él no solo nos llama a la fidelidad, sino que nos equipa para ella. Su Espíritu obra en nosotros tanto el querer como el hacer para Su buena voluntad. La fidelidad no es una meta inalcanzable, sino un camino diario de rendición y obediencia.

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2 Comments
  • Wiliam Antonio Chacón Vargas
    Posted at 11:41h, 18 March Reply

    Amén una realidad en nuestra vida somos o no somos en este mundo donde lo malo le dicen bueno , muchas bendiciones Pasto Otoniel Font.

  • Marttha
    Posted at 21:03h, 22 March Reply

    Amén gracias por la palabra
    Bendiciones

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