14 Mar Lo ordinario en manos de Dios…
En el vasto panorama del Reino de Dios, existe una verdad paradójica que frecuentemente pasamos por alto: la predilección divina por lo ordinario. Cuando contemplamos las páginas de la Escritura, encontramos un patrón consistente donde Dios toma lo común y lo transforma en algo extraordinario.
Esta es la firma de Su gracia soberana. Consideremos la analogía del Beef Wellington. Imagine un chef tomando una simple hamburguesa de McDonald’s – pan, carne, lechuga – y transformándola en un platillo digno de la más alta cocina. Esta metamorfosis culinaria nos revela una profunda verdad teológica: Dios no necesita materia prima excepcional para manifestar Su gloria extraordinaria.
La Escritura está repleta de estos momentos transformadores. Moisés con su cayado de pastor, David con sus cinco piedras lisas, el almuerzo de un niño que alimentó a cinco mil. En cada instancia, Dios tomó lo ordinario y lo elevó a lo extraordinario. Esta no es una coincidencia, es un principio del Reino que opera activamente en nuestras vidas hoy.
Como co-creadores con Dios – término que debemos usar con humildad reverente – no estamos llamados a imitar Su poder creativo ex nihilo. Más bien, somos llamados a participar en Su obra transformadora, tomando lo que Él ha puesto en nuestras manos y, bajo Su dirección soberana, permitiendo que lo ordinario se convierta en un vehículo de Su gloria extraordinaria.
La pregunta transformadora que debemos hacernos no es “¿Qué puede Dios crear de la nada?”, sino “¿Qué puede Dios hacer con lo que ya ha puesto en mis manos?” Esta perspectiva revoluciona nuestra comprensión de la mayordomía y nos posiciona para ser canales efectivos de Su gracia transformadora.
En tus manos hoy hay recursos aparentemente ordinarios: talentos que parecen comunes, oportunidades que parecen insignificantes, relaciones que parecen rutinarias. Pero en la economía del Reino, lo ordinario es el lienzo preferido de Dios para pintar Su gloria extraordinaria.
El desafío no es esperar algo excepcional, sino ver con ojos de fe el potencial divino en lo que ya poseemos. Cuando adoptamos esta perspectiva, cada aspecto de nuestra vida cotidiana se convierte en un punto potencial de transformación divina. Como el chef que ve un Beef Wellington en una hamburguesa de McDonald’s, debemos aprender a ver el potencial extraordinario en lo ordinario que Dios ha puesto en nuestras manos.
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Wiliam Antonio Chacón Vargas
Posted at 10:13h, 14 MarchAmén gracias por está palabra muchas bendiciones.
Marttha
Posted at 20:58h, 22 MarchAmén gracias por la palabra. Bry