Haz lo necesario para que Dios se quede
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Haz lo necesario para que Dios se quede

Para que el Señor se quede, hay algo que todos tenemos que hacer. Nunca se ha tratado de que Dios no quiera encontrarse con nosotros. 

Nunca…

Se ha tratado de que decimos que queremos encontrarnos con Él pero no hacemos lo que tenemos que hacer para que se quede.

Y hay tres cosas con las cuales quiero llamar tu atención en el día de hoy que demuestran esa actitud.

Ya Abraham sabe que es Dios, y si tú estabas a la expectativa de que algo ocurriera y sales con pasión al encuentro, y te humillas, y sabes que es Dios el que está aquí, eso es sólo el comienzo. 

Aquí la gente estaba esperando que algo pasara. Por eso es que muchos de ustedes han venido a “Noches en su presencia”, porque estaban esperando un momento como este, “¿cuándo el pastor hará un momento como este?”, “¿cuándo tendremos una oportunidad cómo está?”.

Estabas a la expectativa de que algo ocurriera y ocurrió. Saliste corriendo y viniste.

Muchos de ustedes que han estado aquí todas las noches, que han dejado trabajos, que han hecho el esfuerzo, que han venido mal vestidos, medio apestosos pero no hay problema. ¡Gloria al Señor!

¡Llegaste!

Saliste corriendo y estás aquí. 

Y yo he visto a muchos aquí con ese corazón sincero y humilde que vienen a entregarse realmente. Y hasta allí estamos bien. Porque hay algo que está pasando.

La pregunta es si se queda lo que está pasando y la respuesta es que se queda si tú haces que se quede. 

Y Abraham hizo tres cosas poderosas con las que quiero llamar tu atención en el día de hoy. 

Tres cosas importantes:

1 Abraham les dijo: “vamos a lavar los pies. Déjame traer agua para limpiar el camino”. Y todo, en un gesto de hospitalidad.

¿Se acuerdan que Jesús se molestó porque no le lavaron los pies en un sitio?

Cuando tú recibías visitas en aquellos tiempos, debías tener una palangana porque aquella gente caminaba en chancleta todo el día.

Entonces tú tenías que lavarles los pies para demostrarles hospitalidad.

Y él comenzó a lavar todo a su alrededor y lavó los pies y buscó agua. Lo que demuestra la preparación, la limpieza, y nuestra iglesia eso es lo que ha hecho. 

No podíamos hacer “Noches en su presencia” y no comprar una lucecita nueva por lo menos, hacer algo, pintar las paredes, hacer arreglos…

Y a lo mejor la gente dirá que Dios no necesita esas cosas, pero yo sí necesito demostrar que si quiero recibirte en la casa, vamos a hacer algo limpio, algo bonito, algo que diga que te quiero aquí, vamos a arreglar…

Y todos aquí debemos tener esa actitud con el Señor en nuestra vida…

Limpiar la casa, limpiar la vida, limpiar los pensamientos, ir a la casa de Dios lo mejor que podamos: vestidos, arreglados y peinados. 

Es una actitud de preparar todas las cosas.

Número 2: Cuando nosotros miramos la actitud de Abraham, no sólo fue la de limpiar y ofrecer el protocolo correcto para recibirlo.

Sino que lo vemos en varias ocasiones con esta actitud. Corriendo, corriendo, corriendo. 

“Sara. Saca el asopado para la parranda, que llegó el Señor”.

“Y no me saques cualquier pan viejo. Amasa y hazlo bien cocido”.

Después sale corriendo a buscar el toro y la vaca, y luego sale corriendo para allá y para acá…

Lo que demuestra que la única manera en que decimos que te quedes es cuantas veces corro de un lado para otro para traer lo que necesitas y lo que quieres para que te quedes en este lugar.

Por eso es que en esta iglesia no puede haber nadie en silencio, nadie callado, y nadie que no adore a Dios. Porque tenemos que adorarlo una vez, y traer una ofrenda otra vez, y cantar otro corito una vez más, y predicar otra palabra.

Y dime qué tengo que hacer, y hazlo bien, y ven acá, y si no salió esa canción bien, lo hacemos bien la próxima.

Si se dañó la luz o pasó algo, lo arreglamos. Y volvemos y corremos. 

Y si la gente pregunta que por qué estás corriendo de un lado para otro, es sencillo. No quiero que lo que Dios trajo pase y no se quede.

Así que voy a correr.

Es la actitud del corazón. Hacer lo que hay que hacer. Cuántos panes tengo que cocinar, cuántas  vacas tengo que buscar, cuántas cosas tengo que tener.

Por eso hay que salir de aquí esta noche y correr mañana.

Cómo tengo que cantar, que más tengo que hacer, qué más tengo que traer, cómo tengo que orar, qué ofrenda tengo que dar, porque si quiero que te quedes y que no pases de aquí, voy a buscar corriendo una y otra vez todo lo que haga falta para que te quedes en este lugar. 

Yo estoy al hablándole a gente aquí esta noche que no van a dejar de correr, no a la presencia de Dios, que ya está aquí.

Es a gente que van a correr esta noche en su actitud para que lo que está pasando aquí, se quede en tu casa, se quede en tu hogar, se quede en tu vida.

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