Sonidos Inciertos
10322
post-template-default,single,single-post,postid-10322,single-format-standard,bridge-core-3.0.5,qi-blocks-1.0.6,qodef-gutenberg--no-touch,qodef-qi--no-touch,qi-addons-for-elementor-1.5.5,qode-page-transition-enabled,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-theme-ver-29.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-6.9.0,vc_responsive,elementor-default,elementor-kit-14558

Sonidos Inciertos

Hay quienes quieren introducir ideas negativas en nuestra sociedad.  Mentes maléficas que aprovechan momentos como este para tratar de introducir cosas que, como iglesia, no podemos permitir.  Aun en medio de los tiempos de pandemia que hemos estado viviendo, la realidad es que el distanciamiento social no se ha dado.  Estamos distanciados físicamente, pero socialmente estamos conectados con el mundo, a través de FaceTime, televisión, radio.  

Cuando comenzó la radio, la familia se sentaba completa alrededor de la radio para escuchar qué iba a decir el presidente de la nación.  Era algo de familia sentarse a escuchar el programa.  El papá estaba con el hijo escuchando al cómico que iba a decir un chiste, y el padre podía controlar y decidir lo que su hijo iba a escuchar porque no todo el mundo tenía radio, no todo el mundo tenía esa capacidad.  Lo que había era una sola radio en la casa, y cuando se iba a escuchar radio era un momento familiar.  Eventualmente, cuando se llega a la imagen, a la televisión, vuelve a lo mismo, un tanto mejor; era un concepto familiar.  Se sentaban todos frente al mismo televisor a mirar todos los mismos programas.  Pero esto no es lo que ocurre hoy.  Hoy cada muchacho tiene un teléfono, cada persona tiene en su cuarto un televisor y a través de su consola de juego, tienen acceso al mundo.  Está en su cuarto cada uno escuchando una cosa diferente, una voz diferente, y luego tratamos de sentarnos a la mesa a comer, y no entendemos por qué cada uno habla de manera diferente.  

Los mayores conflictos hoy ocurren porque cada uno está escuchando una música diferente.  No importa si tú estás escuchando música de adoración y alabanza, si en el otro televisor lo que se está escuchando es basura.  No puede haber paz en ese hogar.  Pero estamos tan cargados, trabajados, que pocos padres toman el tiempo de sentarse a jugar videojuegos con sus hijos.  Pocos toman el tiempo para discipular su casa.  Estás tan envuelto con las deudas y demás cosas, que los dejas y, para colmo, dejamos que ministros de música que tú no sabes lo que predican, sean los que influencian el corazón de tus hijos, simplemente porque dicen “Dios te bendiga” en sus canciones.  Cuando vengas a ver, se habrá provocado un distanciamiento innecesario.  Muchos ya estaban socialmente distanciados; lo que les faltaba era el distanciamiento físico.  Pero a este distanciamiento no se le llamó físico, sino social, porque es el momento en que el mundo puede introducir ideas en nuestra mente.  Si no pensamos ni analizamos, no nos damos cuenta.  Toma trabajo y esfuerzo el estar pendiente.  Y nadie más es responsable de hacerlo por ti.  

Una de las mejores cosas que ha traído la cuarentena, es el regreso al homeschooling.  También puede ser un problema porque, si en una casa hay abuso, tienes a unos niños metidos en la casa con abuso.  Pero ojalá los cristianos, los creyentes, dejen de darles sus hijos al sistema escolar público porque no tendríamos que estar peleando desde las leyes para que no pasen la ideología de género, si todos tuviéramos el control de que les vamos a enseñar a nuestros hijos los valores cristianos.  De las mejores cosas que pueden pasar en esta época, es que los cristianos decidan educar a sus hijos desde su casa, dedicarles los próximos diez años a sus hijos, que anden con ellos para todas partes y no los manden al sistema para que sea otro quien los eduque.  Queremos consejería pastoral, pero la mejor consejería se la puedes dar tú a tus hijos desde el principio, y a tu cónyuge, si supieras lo que están oyendo.  

Si no cobramos consciencia, ¿qué sonido vamos a escuchar allá afuera?  Un sonido incierto.  

El sonido y la imagen deben ser cónsonos.  Si ves un panorama de un bosque, y escuchas pájaros y un río de fondo, el sonido va a la par con la imagen, guarda congruencia una cosa con la otra.  Ahora imagina estar en ese mismo lugar, ante ese mismo panorama de un bosque, pero escuchar un sonido como de una construcción, de una ciudad, de un tráfico pesado con sus bocinazos.  ¿Podrías disfrutarlo?  No.  Porque el sonido no guarda congruencia con la imagen.  Pero ¿qué tal si estando en la ciudad, escucharas los pájaros y el río?  El paisaje bonito con el sonido malo, no lo puedes disfrutar; pero el paisaje malo con el sonido correcto te trae relajación.  En medio de la ciudad, tú puedes ponerte audífonos y escoger lo que estás escuchando.  Puedes estar en medio del tapón, del tráfico, pero no tienes que llegar a tu trabajo desesperado, ansioso o ansiosa, porque lo que estás viviendo es más influenciado por lo que estás oyendo que por lo que estás mirando.  Lo que pasa es que el mundo en que vivimos, prestamos más atención a lo que vemos que a lo que oímos, pero en un mundo caótico, si escuchas el sonido correcto, puedes caminar en medio de ese tráfico y, desde las siete de la mañana, que pasas una hora de camino a tu trabajo, lo que tú escuches esa hora es lo que va a determinar el resto del día y de la semana.  Puedes estar sentado en medio de cualquier ciudad y ponerte audífonos, y no tienes ni que cerrar tus ojos.  Puedes estar mirando el caos más grande del mundo, pero si oyes el sonido correcto, todo a tu alrededor se va a comenzar a arreglar.  

Esto fue lo que Dios hizo.  La primera característica que vemos de Dios en la Biblia es que Dios habla.  Dios se mueve y habla; y cuando habla, se mueve.  Lo primero que vemos de Dios es que Dios dice, y cuando Dios dice algo, entra en orden todo lo que está en desorden.  Cuando se oye el sonido correcto, aquello que es caótico comienza a ordenarse, a cambiarse.  No podemos cambiar esta sociedad, si no cambiamos lo que oímos primero.  Queremos cambiar la imagen, lo que vemos; pero no podremos lograrlo sino hasta que cambiemos lo que oímos.  Pero ¿cómo vamos a lograrlo?  Cuando haya voces que digan cosas ciertas en un mundo que habla en incertidumbre.  Cuando los cristianos dejemos de hablar al aire, palabras huecas, y le digamos a la gente la verdad del Evangelio, la verdad de la palabra y de que tienen que cambiar sus vidas y que no pueden estar escuchando cualquier cosa allá afuera, la única manera que vamos a traer orden a nuestro mundo, es cuando haya voces correctas hablando lo que dice Dios durante esta temporada.  No ideas de jóvenes o de viejos o de religión, sino de personas que hablen exactamente lo que Dios quiere que se diga.  

La gente no entiende cómo funciona el mundo, no se dan cuenta.  Los políticos no le hablan a todo el mundo; los políticos le hablan al grupo que ellos saben que van a ir a votar, y le hablan lo que ellos quieren oír.  

Lo triste en este tiempo es que no haya más hombres y mujeres que dejen de oír a la serpiente, que no haya más familiares que se encarguen de hablarles a sus seres queridos.  Entristece ver las redes sociales de muchos compartiendo lo que oyen, y vemos que es más de lo mismo que cualquiera otro.  Entonces, pensamos que así podemos cambiar el mundo.  Vemos a la iglesia criticando a la iglesia.  Es triste lo que vemos hoy en la iglesia.  Damos sonido incierto cuando la iglesia debe ser la que esté dando el sonido más seguro para que la gente viva conforme a Dios.  

Hoy nos exigen mascarilla para ir a la iglesia, pero no hay problemas con que la gente salga a protestar por ideales incorrectos sin mascarilla.  Hay que ver si la mascarilla es para protegernos o para silenciarnos.  En California llegaron a prohibir por ley el cantar en las iglesias, al igual que los grupos en casa; y no vimos ningún cristiano protestando por eso.  En este distanciamiento, si no oyes la voz correcta que te dirija al lugar correcto, seguirás siendo un leproso toda tu vida.  La lepra se va cuando oyes la voz correcta, y vas al lugar correcto donde te dice esa voz.  Es ahí que se va tu lepra.  Y  mientras tengas lepra, aunque no te des cuenta porque en este tiempo socialmente estamos más conectados que nunca, sigues siendo un leproso, y llegará el momento donde la gente no querrá estar contigo.  Entiende el poder de los sonidos que hablamos, de lo que decimos, y cómo influencia  la vida de los que están a tu alrededor.  Cuida lo que oyes.  Todo lo que oyes se te añade.  Para no terminar igual que el mundo, filtra todo por la palabra de Dios. 

5 Comments
  • Daylin De la Campa
    Posted at 12:26h, 09 August

    Amén!!!!!

  • Ademir
    Posted at 13:59h, 09 August

    Amén, gloria a Dios. Poderoso mensaje.

  • Maryori
    Posted at 14:40h, 09 August

    Amén

  • Jhon Mario
    Posted at 16:05h, 09 August

    Amén y amén

  • Oswaldo Monier
    Posted at 15:32h, 12 August

    Amén ?????????