Dice la palabra del Señor, en 2 Reyes capítulo 2, que Elías dijo a Eliseo que le pidiera lo que él quería que hiciera por él. Y Eliseo pidió una doble porción del espíritu de Elías. Elías le dijo a Eliseo que si lo veía irse, entonces recibiría lo que había pedido, y si no, no.
Conocemos la historia, y sabemos que Eliseo vio a Elías cuando fue arrebatado, y recibió su petición.
Deberíamos preguntarnos, entonces, qué clase de persona era Eliseo, para ser considerado digno de recibir esa doble porción de unción.
Eliseo era un hombre que confiaba en Dios, era un servidor. Y podemos pensar que por el tiempo que sirvió a Elías fue que entonces recibió la doble porción de unción. Pero podemos ver que Eliseo no era el único siervo de Elías, cuando se nos dice que había doce yuntas de bueyes. Por lo que sabemos que había otros once siervos manejando las otras once yuntas.
Si vemos la descripción que se nos da de Eliseo, sabemos que venía de una familia acomodada, próspera. Y, no teniendo necesidad, decidía estar allí, bajo el sol, pasar trabajo, y empujar.
Hay personas que piensan que, de ser millonarios, no madrugarían ni una sola vez más en su vida; y probablemente, por eso no van a ser millonarios, porque están pensando en acomodarse, y no entienden que, al que más se le da, más se le demanda. Cuando una persona ha desarrollado tal prosperidad financiera, es porque hay grandes responsabilidades, y ha habido trabajo.
Eliseo era un servidor más allá del tiempo que le había servido a Elías. Eliseo había escogido servir, aun cuando muy probablemente no tenía necesidad de hacerlo.
Eliseo tenía una visión clara de lo que hacía y por qué lo hacía.
Eliseo había servido a Elías por un tiempo, y en el momento en que Elías le hace la pregunta, Eliseo no tuvo que pensar para responder, sino que él ya sabía, ya tenía claro lo que iba a pedir, tenía claro lo que quería que Elías hiciera por él.
Hay personas que quisieran
que Dios les dijera un día como Elías le dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que
haga por ti. Sin embargo, quizás no se les ocurriría pedir algo tan grande,
sino que pedirían quizás un carro, o una casa; o quizás, no sabrían qué pedir.
El tiempo que Eliseo había estado allí había sido con un propósito específico en mente y de antemano.
Nunca se nos dice que en algún momento Eliseo sería enfrentado con esa pregunta. No se nos dice que él haya tenido tiempo para prepararse. Sin embargo, vemos a Eliseo listo con aquello que él quería. Él sabía ya lo que quería; no tenía que consultar, no tenía que pensar, no tenía que orar, no tenía que pasar tiempo de meditación, sino que al ser enfrentado con aquella pregunta, respondió: El doble de lo que tú tienes.
Y en la historia de Eliseo vemos claramente la manifestación del doble, que fue lo que él pidió.
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