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Tú Recibes, cuando Pides

La frustración llega cuando se quiere y se esperó algo que no se cumple.  Llega también por no comunicarte, por no expresarle a Dios, con confianza, tus deseos.  No le pides a Dios, y empiezas a mirar tu relación con Él a la luz de lo que Él está haciendo con otros, porque ellos sí pidieron, creyeron y recibieron.  

En la historia del hijo prodigo, el padre tiene dos hijos; el menor le pide su herencia en vida, se va, lo gasta todo y, cuando regresa sin nada, después de mucho tiempo, su padre le pone los mejores vestidos y hace una fiesta para celebrar su regreso.  Cuando el hermano mayor se da cuenta de la celebración a causa de su hermano, a pesar de cómo se había comportado, se enoja mucho y le cuestiona al padre por qué a él no le había dado el mismo trato, cuando él nunca le había dejado. Mirando el trato que el padre le estaba dando al menor, el mayor comenzó a compararse.  La realidad es que el menor, aunque sabía que había hecho mal, al regresar, se atrevió a pedirle a su padre que lo pusiera a trabajar con los campesinos, esperando lo mínimo, pero por ser su hijo, el padre le dio mucho más de lo que él había pedido.  Y tu Padre celestial trabaja de la misma manera. 

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá.”  Mateo 7:7-8 

Su palabra dice que el que pide recibe.  La realidad es que el Padre Celestial no te trata a ti en comparación a nadie, el trato que Él tiene contigo es de acuerdo a tu fe en Él.  Si tu hermano pidió, recibió, botó lo que se le fue dado, y regresó a pedir más, tú puedes hacer lo mismo.  Si no recibes lo que quieres, es porque no has pedido.  Cuando se comienza a tener la expectativa de cosas grandes, poderosas, maravillosas, vendrán muchos desafíos que parecen ser parte del plan de Dios para tu vida.  Es en esos momentos que muchos son vencidos por la frustración, y deciden acomodarse, en vez de batallar; porque la frustración puede hacer que pierdas la cabeza.  

La frustración te vuelve loco.  Cuando te frustras, tus pensamientos están en todas partes.  Comienzas a pensar: ¿Por qué Dios no hace esto?, ¿Por qué aquel no me ayuda?, ¿Por qué no pasa esto?, ¿Cuánto tiempo más pasara?  Cuando esto comienza a suceder, se hace difícil tener fe.  Podrá sonar un poco contradictorio, pero la frustración siempre comienza con la fe.  Alguien que no ha tenido fe, no puede frustrarse.  El que se frustra, lo hace porque creyó en algo, tuvo la expectativa de algo, en fe, y luego comienzan a llegar los problemas, las dificultades; comienzas a ver que las cosas no se dan.  La frustración llega porque creíste, y luego empiezas a ver cómo Dios hace con todos, menos contigo; vez lo rápido que otros alcanzan lo que quieren, mientras que tú, batallando, no has alcanzado nada.  Entonces, llega el momento en el que, para intentar salir de la frustración, tratas de controlar todas las cosas, a la gente, los asuntos, las circunstancias, sin darte cuenta que la única manera de vencer la frustración es con fe y confianza.  

Fe es esperar algo; confiar es permanecer firme mientras lo que creíste se hace realidad.  El que no confía, intenta controlarlo todo.  Un hombre que no confía en su esposa la vela veinticuatro horas del día, controla la hora a la que sale, la hora a la que entra, a donde va.  Pero, cuando intentas controlar todo y crees que tienes todo bajo control, siempre algo te sorprende.  En el libro de Daniel, después de que el pueblo de Israel fuera llevado cautivo a Babilonia, el rey Nabucodonosor da la orden de que deben adorar una estatua y el que no lo hiciera sería echado en un horno de fuego.  Pero hubo tres jóvenes que decidieron no hacerlo; ellos sabían que Dios podía librarlos.  Aquellos jóvenes le declararon al rey lo que ellos sabían Dios haría: 

16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. 17 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.”  Daniel 3:16-17 

¿Cómo frustras tus frustraciones?  Confiando, declarando y creyendo que Dios te va a librar.  Cuando confías, la frustración se va; cuando no estás frustrado, puedes permanecer firme en lo que Dios hará.  La actitud de aquellos jóvenes hizo que Nabucodonosor calentara el horno siete veces más.  Cuando los echaron, Dios estuvo con ellos y ni sus ropas se quemaron.  De la misma manera, tú vas a pasar por el fuego, por problemas, pero tu ropa no se va a quemar, y quedarás vivo.  Aprende a confiar, y verás cómo la frustración se acaba.  Cree, confía y espera, porque algo mejor viene.  Lo que Dios va a hacer contigo, lo hará de alguna manera u otra.  Hoy tienes que levantarte y declarar tu milagro, creer y confiar, porque Dios sigue siendo Dios, y Él lo hará.  


Mensaje transmitido por Televisión y Radio el Lunes, 25 de Septiembre de 2017

Código del Programa: D2-13B


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